Piden una ley de talles que incluya a todos los cuerpos

“Ellos son gigantes y si tienes miedo quítate de ahí y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla”. De ese tipo de lucha quijotezca conocen de sobra aquellos que no entran en los moldes físicos establecidos. Que chocan una y otra vez contra los enormes del mercado que imponen el talle único. La mayoría son mujeres, de cuerpos reales sostenidos por pies reales. Inmaculada Ruiz Santana, fundadora del Club del Pie Grande, hace 10 años lleva adelante una tarea que considera un “problema de Estado” y que ninguna ley de talles consiguió. “Me siento Don Quijote contra los molinos de viento”, dice, desbordada de sólo pensar en esta década de contienda sin tregua. 

Sanción de la ley en Córdoba

    Hace varios años que la limitada cantidad de talles producida por la industria de la indumentaria se visibilizó como un grave problema socioeconómico con repercusiones psicológicas en aquellos que no cumplían con el modelo de belleza. Diversas legislaturas provinciales y municipales intentaron revertir la situación con medidas que no pudieron cumplirse por estar acotadas a esas localidades. Una nueva propuesta nacional de Ley de Talles presentada por la diputada Blanca Rossi busca regular el mercado en todo el territorio argentino. “La boutique quiere que su ropa sea para algunas personas”, denuncia la legisladora cordobesa de Unidos por una nueva Argentina. 


     El proyecto exige garantizar que haya como mínimo ocho talles en los lugares donde se venda, fabrique o importe indumentaria. Esto incluye todos los “atuendos” que se puedan ver o no; ropa interior, zapatos, y demás. El fundamento es claro: “el no encontrar ropa a la medida es atentar contra un derecho básico, ‘el derecho a vestirse’”.

     Club del Pie Grande es producto de esa expulsión de cuerpos por el mercado. Surgió en el 2000 como una base de información dirigida por Inmaculada Ruiz Santana para compartir datos sobre aquellos negocios que distribuían talles más allá del 40. Hoy es una cooperativa de artesanos que produce hasta el 46, y excepcionalmente 47 y 48, con intención de adquirir una fábrica, producir en serie y lanzar modelos económicos. 



 
     “Las empresas que dicen que tienen 40 o 41 no suele ser real, le ponen suplementos” que es “estirar un poco el zapato pero no contempla el volumen del pie”, explica Ruiz Santana. Esa numeración engañosa esconde una demanda insatisfecha: el segundo sábado de cada mes gente de todo el país viaja especialmente a Buenos Aires y hace cola en el local del Club para conseguir zapatos de su tamaño. “¿Por qué un hombre calzaría más que la mujer con la misma altura? No hay una conclusión. Tenemos mujeres de más de 1,45, no pueden calzar menos, se caerían”, sostiene.

     Que tire la primera piedra quien no tuvo la desventura de buscar una prenda y que el comerciante le vomite una serie de ‘para vos no hay’, ‘sólo talle único’, ‘es lo más grande que tengo’. Ese menjunje de rechazos se combina con un manantial de violencia psicológica que sistemáticamente lanzan los medios masivos y otras instituciones para recordarnos que ese cuerpo que tenemos no es suficientemente perfecto. Para mayores complejos, el género femenino es el principal afectado.


    De acuerdo a INADI (
Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo), “el modelo de belleza femenino por el mercado – que corresponde a un estereotipo de mujer joven, delgada, alta y rubia – no condice con las características de nuestra población” y aquellas que son “gordas, mayores, indigentes o discapacitadas son discriminadas”. Un estudio de 2013 de ese instituto sostiene que el 34% de las mujeres discriminadas dijeron que fue por su estética.

     Algunas leyes provinciales y locales intentaron regular el mercado de la indumentaria. Entre otras normas, la de Buenos Aires se centró sólo en la ropa de la mujer adolescente en comercios; la de Santa Fe en fabricación y venta de indumentaria, y la de ciudad de Buenos Aires en todo tipo de prendas para hombres y mujeres. No sólo indican prendas diferentes, para distintos públicos, sino que no consideran las redes distribuidas por el país que recorre una prenda desde su creación hasta el consumidor final. Por ende, hay lugares donde no está legislada la fabricación, pero el comercio sufre reglamentaciones diferentes. Esta razón, además de la resistencia empresarial, es la que imposibilita el cumplimiento de estas leyes.


      “La ley de talles no va a vencer si no tenemos las medidas antropocéntricas de los argentinos. Las normas de IRAM [que establecen las medidas estándar] que funcionan no son de cuerpos argentinos, sino europeos. Queremos una ley que refleje cuerpos argentinos”, cuenta Sharon Haywood fundadora de AnyBody. De esta ONG denuncian que las reglamentaciones y proyectos no consideran este punto clave pero que el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) está preparando un estudio nacional al respecto.

      AnyBody Argentina es parte de un movimiento internacional, Endangered Bodies, y hace cinco años que trabaja en el país para aumentar “la conciencia” ya que hay niños y niñas que “sufren su cuerpo, hay crisis de odio corporal, genera problemas psicológicos” que aumenta con la falta de ropa, uno de los puntos más militados por ellos. “Los adolescentes no van a decir que terrible es la industria de la moda, van a decir que terrible es mi cuerpo”, afirma Haywood. 



—¿Se puede pagar más por una misma prenda si el talle es más grande?  
Haywood: — Nos cuesta llegar a una respuesta con sentido. Si hablamos de talles especiales, por ejemplo de gente con obesidad mórbida, es entendible por la cantidad de tela. Pero si hablamos de una mujer con talle 52, o 54 no es un talle tan grande. No puedo decir con 100% de certidumbre que es válido, nos hace ruido. 

—Pero, ¿es legal?  
Haywood: — Buscamos y no encontramos. Creo que no es justo, soy canadiense, y allá entre los talles grandes y los comunes no hay diferencia. Están tratando los talles normales como especiales. La prenda afuera si es la misma aunque sea otro talle cuesta igual. No estamos diciendo que somos elefantes, sino gente con más volumen de cuerpo, la cantidad de tela no justifica la diferencia. 

Modelómetro de Anybody
     Según encuestas de 2015 de esta organización, sobre 1867 personas y en su mayoría mujeres, el 68,35% no encuentran su talle, las prendas más complejas para conseguir son las informales y las medidas que menos hallan es la 46, 48 y 44. Además, el 61,43% afirma que su talle real está uno o más talles por encima del que perciben como ideal y un 62,45% cree que tiene que bajar de peso. Es decir, la posibilidad de no encajar en el modelo de belleza es casi la misma que la de percibir el cuerpo propio como problema, por ende, “debe ser modificado con dieta”.

      El hecho de no encontrar prendas no sólo complica la vida de las personas en su necesidad de vestir, sino también en el reconocimiento y aceptación del propio cuerpo. Un 55,64% de las mujeres y un 35,44% de los varones manifestaron que les "atemoriza" ser gordas o gordos, según una encuesta de Aluba (Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia) sobre 1000 alumnos de 19 escuelas porteñas. Los datos recientes también demostraron que un 28,25% de los jóvenes sufre algún tipo de desorden alimentario. De las chicas, un 40,65% afirmó que se sentiría mejor "si fuese más delgada", mientras un 33,44% sostuvo que se ve "gorda aunque los demás afirmen que se ve normal o con bajo peso”.

      Más allá de la imposición cultural que se quiere hacer, se trata de una demanda constante sin oferta. Ningún empresario ni comerciante parece querer apostar a la diversidad. “El zapato implica mayor inversión, una horma especial, cada taco y altura necesita una horma”, detalla Ruiz Santana. Por eso es que para su cooperativa se vuelve muy complejo cubrir los diferentes pedidos: “Si necesitas zapatos con tacos para 46, tenés que comprar tacos, las plantillas y los cambrillones, te piden de a mil unidades para hacerlo. Cada mil unidades de taco capa te sale 18 mil pesos y el cambrillón 8 mil. Para tu hacer un par de zapatos tenés que apostar a que ese zapato lo vas a vender o le vas a dar mucha utilidad”. 
Anybody reconoce a las marcas con un mínimo de 7 talles o comprometidas en fabricarlos a cierto plazo
      Para Ruiz Santana no “le podés pedir al fabricante de zapatos igual que a la ropa”, ya que “el zapato necesita toda una inversión, maquinarias de hasta 3000 dólares. Desde el gobierno tiene que dar algo para que pueda recuperar la inversión porque sino no se puede”. Si bien desde el INAES (Instituto Nacional de Asociativismo y Económia Social) la asesoraron para hacer la cooperativa, no reciben ayuda económica del Estado. “Lo hacemos a pulmón, por es más caro. Yo tengo zapatos buenísimos, espectaculares, hechos a mano por artesanos que se retiraron de casas grandes como Alonso y los tengo a $1900 pero te pones delante de la vidriera de Prune, el mismo sale $3300 y hasta el 39 ó 40”. Sin embargo, apuntan a conseguir una fábrica para producir en serie y líneas más económicas.

     Desde AnyBody coinciden en que el objetivo necesita ayuda estatal y tiempo: “Si una marca sólo vende 5, y la ley pide 7, para sumar esos talles es una inversión enorme para la mordería. Algunas pymes van a necesitar ayuda del gobierno. Otra cosa, es importante dar tiempo para implementar los cambios — continúa Haywood — Tenemos contacto con marcas grandes y chiquititas y están trabajando en verano de 2017 y otoño de 2017, si falta tener dos talles no pueden implementarlo ya, va a llevar un tiempo. Siempre recomendamos que los cambios lleven hasta dos años”. 


     El proyecto de Rossi desde finales de 2014, cuando fue presentado, que permanece estancado en la cámara baja. “El gobierno anterior los proyectos de la oposición no había lugar y me lo giraron a [la comisión de] Industria y no era, para perderlo lo mandaron ahí. Pero lo voy a presentar de nuevo para que vaya a defensa del consumidor”, dice esperanzada.

     Ruiz Santana apuesta a abandonar “la ley a fuerza de látigo” y sancionar la falsa marcación de la prenda: “Me estás defraudando emocionalmente, moralmente, anímicamente y económicamente”. Ella, como muchos otros, sigue batallando contra esos molinos viento, los que sistemáticamente en la tele, en la calle y las revistas nos manipulan. “Lo que debería ser un delito es mentir”, sentencia.
 

Demo Reel 2017

+

Demo de locución